Escribo tu nombre sin vocales,
sin poder pronunciarlo,
sosteniendo el aire,
con el flanco más débil al descubierto.
Escribo tu nombre sin consonantes,
sin mi consentimiento,
sosteniendo el quiebre,
rasgando la última página con el hueso.
Escribo tu nombre completo,
sin anestesia sobre la herida,
sosteniéndome entero
para recordar de quién es el cadáver
que cargas en la espalda,
porque ya no me reconozco.