Deambulo sin temor, salto al mundo,
pues suave está en mi pecho una coraza.
Es la diáfana fuerza que me abraza,
es el hueco de la mano en que me hundo.
Mítico aroma, un resoplo profundo,
es recuerdo que al tiempo despedaza.
Pertenezco a la herencia que es tu raza,
mi orgullo: La barbarie de Facundo.
No hay fuerza ni enemigo tan temible
que me melle; su amparo me solaza
indómita armadura indestructible
Y en la cima del monte que amenaza
mi mano aferrará la insustituible
mano que en mi auxilio se entrelaza.