I_KENNETH

PARA CUANDO OLVIDES QUIÉN ERES

Hijo,

te amo.

Y hay algo que quiero que recuerdes
cuando seas grande,
cuando estés feliz,
cuando estés triste,
cuando ganes
y, sobre todo, cuando pierdas:

no tienes que ganarte mi amor.

No tienes que ser el primero,
ni el más fuerte,
ni el más rápido,
ni el que nunca se equivoca.

Te amo porque eres tú.

Estoy orgulloso de las cosas que haces,
claro que sí,
pero mucho más orgulloso
de la persona que vas aprendiendo a ser.

Creo en ti.

Incluso cuando tú dudes,
yo quiero que recuerdes
que dentro de ti tienes lo necesario
para volver a intentarlo.

Sé valiente, hijo.

Pero no confundas valentía con no tener miedo.

Los valientes también tiemblan.
También lloran.
También necesitan una mano.

Ser valiente es sentir miedo
y aun así intentar hacer lo correcto.

Y si algún día te equivocas,
no digas:

“Soy malo.”

Di:

“Hice algo mal y puedo hacerlo mejor.”

Porque un error no decide quién eres.

Reconócelo.
Pide perdón.
Repara lo que puedas.
Aprende.
Levántate.

Y vuelve a intentarlo.

Cuando digas que sí,
intenta que tu sí sea sí.

Cumple tu palabra,
especialmente cuando cumplirla cueste.

Pero recuerda también
que puedes cambiar de opinión
cuando descubras que estabas equivocado.

Eso no es debilidad.

Eso es crecer.

Respeta a los demás
cuando te miren
y cuando nadie te esté mirando.

Respeta al pequeño,
al grande,
al diferente,
al que piensa distinto
y también a quien no puede darte nada a cambio.

Nunca necesites hacer pequeño a otro
para sentirte grande tú.

Cuando estés enojado,
recuerda:

puedes sentir toda la rabia del mundo,
pero no tienes derecho a hacer daño.

Respira.
Aléjate si lo necesitas.
Habla.
Pide ayuda.

Ser fuerte también significa
saber detenerse.

Haz lo correcto
aunque nadie vaya a felicitarte.

Porque algún día comprenderás
que tu carácter es lo que haces
cuando nadie está mirando,
y que vale mucho más
que lo que otros digan de ti.

No necesitas ser mejor que nadie.

Nadie es más que tú
y tú no eres más que nadie.

Compite, si quieres,
pero principalmente contigo mismo:

con el Bruno de ayer.

Aprende un poquito más.
Ama un poquito mejor.
Sé un poquito más paciente.
Atrévete una vez más.

Habrá días en que ganarás.

Celébralos.

Habrá días en que perderás.

Aprende de ellos.

Y habrá días en que harás todo bien
y aun así las cosas no resultarán.

Esos días también forman parte de la vida.

Tu valor no cambia por un resultado.

Tu vida tiene valor y propósito,
incluso cuando todavía no sabes cuál es.

No dejes que los aplausos te convenzan
de que eres más de lo que eres.

Y tampoco permitas que una crítica
te convenza de que eres menos.

Escucha.
Piensa.
Aprende.

Pero recuerda quién eres.

Y hay algo más, Bruno.

Quizás algún día hagas algo
que te dé vergüenza contarme.

Quizás tengas miedo de que me enoje,
de decepcionarme
o de que deje de sentirme orgulloso de ti.

Ese día quiero que recuerdes esto:

ven a mí.

Cuéntamelo.

Tal vez tengamos una conversación difícil.
Tal vez tengamos que arreglar algo.
Tal vez incluso tenga que decirte
que te equivocaste.

Pero nunca tendrás que preguntarte
si puedes volver a los brazos de tu papá.

Siempre podrás.

Porque puedo estar en desacuerdo contigo,
puedo corregirte,
puedo enojarme contigo,

pero mi amor por ti
no está en juego.

Y cuando algún día seas grande
y ya no necesites tomar mi mano
para cruzar la calle,

espero que algunas de estas palabras
sigan caminando contigo:

Te amo.
Creo en ti.
Sé valiente.
Sé bueno.
Cumple tu palabra.
Respeta.
Pide perdón.
Aprende.
Levántate.
Vuelve a intentarlo.

Y nunca olvides:

no tienes que ganarte mi amor.

Ya lo tienes.

Siempre.

Papá.