Si te pienso, la voz se me quiebra antes de nombrarte, y el silencio rescata lo que no me es dado decir. Acompañó la mañana con una taza de café que hoy no sabe a nada, al descubrir que falta tu sombra al otro lado de la mesa. Anhelo la calidez de tus brazos y el refugio leve de tu mano, pero mis dedos solo tropiezan con la nada.
Quisiera engañarme y culpar al reloj, decir que las horas marchan con prisa y me roban tu boca. Quisiera invocar la distancia y mentirle al mapa, acusar a los kilómetros de este abismo que nos separa. Pero no hay reloj ni geografía en esta falta: es otra la sombra, invisible y certera, la que me ata las manos y me prohíbe volver a ti.