~ * ~Rosa es una mujer de aventura y le encantan las rosas, hasta que un día su esposo Juan de la Cruz le fue infiel con su mejor amiga Cinthia y ella toma una rosa si es la rosa de Rosa y con las espinas se corta las venas de las manos y muere en el acto…
Rosa es una mujer casada con Juan de la Cruz. Rosa tiene una mejor amiga de nombre Cinthia. Rosa es la rosa más hermosa en el jardín del corazón de Juan de la Cruz. Rosa lleva siempre consigo a una rosa que le brinda estabilidad emocional, buena fragancia, dicha, prosperidad y suerte. La rosa de Rosa es una rosa impecable, autoritaria, de buen color y si se marchita Rosa la sustituye por otra rosa más bonita, pero, siempre Rosa debe tener a una rosa para la buena suerte, para la dicha y la prosperidad marcando siempre un trayecto a seguir. Rosa ama a la rosa como a ella misma, la respeta, valora y sabe que posee unas espinas que le pueden causar dolor, herir y lastimar en el alma, por eso es el respeto hacia la rosa. Rosa lleva consigo a la rosa y es la rosa de Rosa. Juan de la Cruz ama a Rosa indeleblemente y con una vehemencia pasional, pero, la mejor amiga de Rosa seduce y zigzaguea en el amor. Cinthia es una mujer esbelta, distinguida y elegante con un porte envidiable, pero, en el amor no ha tenido la suerte que tiene Rosa. La rosa de Rosa va indicando paso a paso cuando brilla es que existe la suerte, el amor y la pasión cuando marchita es que no existe nada bueno. La vida de Rosa no calma en redención su inaceptable pasión por amar vehementemente a Juan de la Cruz. Rosa es totalmente fiel, pero, Juan de la Cruz, tal vez, no. La vida de Rosa es una vida compasiva, inocua, idónea y muy caprichosa para saber que el destino es favorable cuando la rosa brilla muy hermosa. Rosa conoce a la rosa más que a su propia mano cuando ella teme con las espinas de la rosa herir a sus dedos, manos y venas, pero, aunque pudiera arrancar a sus espinas de la rosa evitaría el derramamiento de plétora abundante de sangre. Rosa lleva consigo a la rosa y es la rosa de Rosa cuando petrifica su esencia, su presencia sin ausencia el querer repartir amor a esa rosa, pero, el amor y la pasión se la lleva Juan de la Cruz y la rosa queda desolada, en soledad y caprichosamente sola. Juan de la Cruz ama indeleblemente a Rosa y Rosa ama a Juan de la Cruz, pero, se interpone una mujer sensual y seductora que enloquece a los hombres con tan sólo los ojos caer rendidos ante ella. Rosa es insignificante como la rosa, pero, bella en su interior despilfarrando aroma a rosas de un jardín lleno de rosas. Rosa desea observar desde su interior a la rosa que sangra de dolor si algún día Juan de la Cruz se marcha lejos dejando a Rosa sola o llegara a ser infiel como la rosa con espinas. Juan de la Cruz es un hombre corpulento, serio, fornido y hasta rudo con un físico extraordinario que acecha con devorar a las mujeres con tan sólo el buen aroma de un perfume exquisito que lleva consigo siempre. La rosa de Rosa es una rosa impecable, exquisita y muy elegante que lleva consigo siempre cuando la joven Rosa sale a comprar, a divertirse y a entretenerse con la vida. Rosa lleva consigo a una rosa y es la rosa que guarda invisiblemente, abstractamente, transparentemente en su interior como el perfume que lleva siempre consigo. Rosa es la mujer seria, exquisita, impecable y muy decidida en converger todo asunto si lleva consigo a la rosa de Rosa. Rosa es una mujer en derroche casual observando siempre a su camino encantador que tiene de frente en un camino exquisito de despilfarro, magnificencia y muy extravagante en decidir qué malgastar, pero, ella prefiere sólo llevar consigo a la rosa de Rosa, la cual, otorga frescura, aroma, fragancia y un derroche de sensualidad que a ella le encanta porque ella es encantadora y todo lo contrario a su amiga Cinthia. Rosa junto a la rosa, la que lleva siempre en su alma, en su destino y en su camino, la hace ser una mujer perecedera, inestable, y con muy poco valor por llevar consigo solamente a una rosa, la cual, brinda aroma, fragancia y frescura cuando atormenta con desquiciar con toda sensualidad a su hombre, pero, el hombre está perdido y enloquecido por la sensualidad de Cinthia. Juan de la Cruz es un hombre decido, audaz, tenue y muy rudo al compás en querer sentir el sensual cuerpo de Cinthia. Todo es Cinthia para Juan de la Cruz cuando ésta mujer seduce al hombre por los ojos con su sensual cuerpo, ojos y boca enloqueciendo dementemente a Juan de la Cruz.
Rosa, aún, sin darse cuenta de la cruel infidelidad que hace Juan de la Cruz con su mejor amiga Cinthia sin esperar la desesperación que transcurre entre tiempo y tiempo cuando Juan de la Cruz prefiere estar con Cinthia. Rosa cuida bien de las rosas y en el jardín del corazón de Rosa lleva consigo a una rosa, la cual, es perfección, aroma, fragancia atomizadora esperando a que la rosa no le hiera el corazón con las espinas si siempre lleva consigo a la rosa de Rosa. Rosa es una mujer aventurera, encantadora, sublime, muy parca y seria desde el alma hasta el corazón si lleva consigo siempre a la rosa de Rosa irrumpiendo en un sólo deseo y es que la rosa le otorga protección, suerte, amor y pasión porque la rosa al marchitar pierde consecuentemente y casual toda la suerte, amor y pasión. Rosa lleva siempre consigo a una rosa, una rosa brillante, esplendorosa, radiante y con pétalos muy vivos si ella se llama Rosa y es la rosa de Rosa la que otorga lo que ella quiere que todo le salga bien. Rosa es la mujer cándida, sublime, insípida y muy culta, pero, su amiga Cinthia le toma por adelantado la sensualidad, la pasión, la vehemencia, la exquisita fragancia que todo hombre desea y es por la mujer sensual insensata y muy atrevida que enloquece vivamente por los ojos al hombre casado. Cinthia llega a la mansión de Rosa y Juan de la Cruz con un vestido atrevido, un escote sensual y unos tacones de zapatos de color rojo muy vivo haciendo hincapié de un andar sensual que enloquece al hombre con el movimiento sensual de cadera y cintura que contornea el cuerpo de una mujer por caminar sensual hacia el hombre que desea amar. Rosa lleva consigo una mirada tenue, caprichosamente celosa, pero, no envidiosa cuando ella tiene todo lo necesario para que ése hombre quede prendido ante los encantos de una mujer que sabe que lo ama profundamente. La paz serena que tiene Rosa la va llevando a un punto bajo, condescendiente, descendente, incrédulo e increíble cuando su paz no se la quita nada ni nadie ni mucho menos una mujer y que es su mejor amiga si a Juan de la Cruz por poco se le salen los ojos de tanto mirar a Cinthia e indiscretamente la observa, la mira y la desea tan sólo con los ojos, pero, mira a Rosa que lleva consigo una rosa y piensa en las espinas de la rosa que hieren más que una mujer sensual cuando ella no se merece la infidelidad que está a punto de cometer Juan de la Cruz con una sola imprudencia cuando dice… -“¡qué bella estás Cinthia…!”-. Rosa lleva consigo la rosa que le otorga suerte, pasión y amor, pero, ésta vez la rosa marchitó en presencia de todos en la mansión de Rosa y de Juan de la Cruz por el mero hecho observar al vestido sensual que tiene Cinthia y que enloquece a todos por igual. Cinthia es una chica atrevida, sensual, artificial y que perfuma a todos con un perfume exquisito, pero, en el momento extraña lo que ella deja por el camino a un aroma extraño que enloquece al hombre. Cinthia encadena, atrapa, ata y amarra al hombre que enloquece con tan sólo por los ojos por mirar la sensualidad que produce Cinthia por llegar a la mansión de Rosa. Rosa lleva consigo a una rosa y es la rosa clandestina, la que no marchita, la que no hiere en el alma y la que encrudece por tanto y por todo cuando penetra en el alma la suerte, el amor y la pasión. La vida de Rosa es la que lleva consigo a una rosa cuando perpetra a una razón, a una corazonada y a unos celos incontrolables, ingenuos, impolutos e increíbles por sentir que Cinthia es admirada por Juan de la Cruz. Rosa tan prudente, culta, elegante y con una educación próspera, calla lo que calla una mujer y es ser prudente ante tanto descaro de una mujer atrevida, sensual y que enloquece al hombre con tan sólo por los ojos. La vehemencia carnal que se atreve a llamar Cinthia ante los hombres la hace una mujer con labios rojos de color carmesí enloqueciendo la pasión ardiente en cada hombre, mientras que Rosa prudente, callada y en una esquina observa todo desde una perspectiva de asombro y de cómo una mujer puede enloquecer a un hombre con la sensualidad de un cuerpo, labios, boca y ojos sin tener nada qué pensar en el cerebro.
Rosa, sólo, piensa en cómo una mujer es fuego y frío a la misma vez cuando se torna pasional con una pasión vehemente, pero, fría en calcular todos sus movimientos enloqueciendo al hombre por tan sólo los ojos que miran desenfrenadamente a una mujer con ímpetu, gallardía, hombría y valentía desnudando cada vestido en cada mujer. El hombre inconsecuente, con un garbo exquisito, con un perfume embriagador y con una sensualidad de caballeroso hombre hace de la mujer fuego y frío, fuego porque es pasional y fría porque calcula todo movimiento que enloquece al hombre. La vida para Juan de la Cruz es una vida de infidelidad, vehemencia carnal y actitud corporal fiel, pero, en su interior, mente y corazón va la mujer infiel la que lo hace pecar con tentaciones frías, vagas, pero, muy audaces en discernir que lo infiel es lo más barato y fácil que se puede hallar. La vida para Rosa es ser una mujer prudente, callada, abnegada, sumisa, y oprimida cuando yace la impoluta verdad porque los ojos de su marido van caminando y andando por otros rumbos a seguir desde que vio con ese escote sensual, con ese vestido atrevido y con el movimiento que enloquece a cualquiera, sí a Cinthia la mejor amiga de Rosa. La espada apuñala por donde más duele y a Rosa le dolía los ojos vehementes de su esposo a favor de la rica sensualidad que despilfarra en pura magnificencia la mujer de nombre Cinthia. Todo hombre dejó a su esposa conversando de los quehaceres del hogar mientras que ellos conversaban de cosas candentes, pasionales, vehementes y cálidas con Cinthia la mujer atrevida que logró hacer infiel a Juan de la Cruz. Cinthia logra sucumbir en un trance delictivo cuando Juan de la Cruz le hace señas con los ojos de que se fuera de la mansión esperando a que el tiempo dicte momentos de ocio, alegres y apasionados para estar con Cinthia a solas, pero, Cinthia antes de marcharse de la mansión decide conversar con Rosa y le dice… -“tu marido está apto para madrugar ya que no me quiere aquí”-. Rosa se percata prudentemente de que la sensualidad de Cinthia acabó con todas las miradas de todos los hombres allí presentes haciendo rumores vagos, clandestinos, chismes de pasillo con dime y direte de una mujer sensual que embriagó por los ojos tentando a los hombres con su sensual cuerpo, ojos y boca de color carmesí. La vida comienza un debate en decidir acerca de imponer la infidelidad legalizada para que se puedan amar libremente sin esconder, bifurcar y ser abyectos ante tanta corrosión de la sociedad. La infidelidad legal será tener dos esposas o ser bígamo o polígamo en una sociedad que no perdona la infidelidad de un hombre hacia una mujer y viceversa atrayendo la rica sensualidad de una mujer así en tiempo, espacio y sociedad dejando entrever que la mujer no es sólo carne, cuerpo, ojos y boca de color carmesí sino una mujer y que puede ser tanto la amante como ser esposa dejando saber que la mujer es mujer y el hombre es hombre, pero, la sociedad, aún, no perdona una infidelidad. La infidelidad legal será atrapar con tentáculos fuertes al hombre infiel dejando en visión, claro y contundente que puede estar tanto con la esposa como con la amante sin ser infiel dejando la vida en un santiamén de pasión y locura. La infidelidad legal será atar de manos y brazos al hombre infiel legalizando el infortunio de esconder a su amante en tiempos pasados y de ayer en contra de un hoy que desea en sociedad legalizar la infidelidad. La vida comete errores, desavenencias, vicisitudes y equívocos desenlaces, pero, la sociedad, sólo, desea arreglar la mala situación de esconder siempre a la amante.
Una persona que sea bígama o polígama será la nueva moda, ilusión y será cuando se imponga poder legalizar la infidelidad tanto del hombre como de la mujer. Rosa lleva consigo siempre a una rosa y esa rosa es la oportunidad de dar suerte, amor y pasión a un corazón en solitario, devastado y que, a pesar, de ser prudente no ignora la impoluta verdad que su marido es un hombre infiel. Rosa lleva consigo a una rosa y es la rosa de Rosa la que con prudencia, elegancia, porte y distinción lleva en su interior desatando cadenas, murallas, fronteras, abriendo brechas y oportunidades como pasión, amor, deseo y para complacer al corazón por amar sin importar la razón ni pensar por ser infiel. Juan de la Cruz mira con recelo a Cinthia petrificando la mirada, ojos y boca con boca esperando a que Cinthia se marchara de la mansión, pero, decidió hablar con su mejor amiga desatando más polémica, tétrica verdad e insistente persistencia en quedar sola y con tanto hombre en la mansión que hasta se la comen con los ojos. Los hombres en la mansión allí presentes se debaten en un ir y venir atrayendo su caballerosidad hacia la mujer de nombre Cinthia esperando a que la muchacha los corteje como dama presente en la mansión. Todas las esposas de todos ésos hombres se imponen con la virtud y la prudencia de ser las esposas sin importar lo elegante, sensual, atractiva y muy atrevida que estuviera Cinthia coqueteando con ellos. Mientras que, la mujer de nombre Cinthia va y viene con sus labios color carmesí mirando y observando a todos como si fueran perros hambrientos, callejeros y solitarios para saciar su voluntad en una mujer como Cinthia de tal calibre cuando su corazón no le pertenece a nadie. Juan de la Cruz sigue observando a Cinthia y ella muy calurosamente advierte peligro, indecencia, coraje, atrevimiento y movimientos atractivos para atraer la mirada de todos ésos hombres pudientes para atreverse ser la mejor mujer sin importar prudencia, virtud y candidez como lo que posee las esposas de todos ésos hombres. Los hombres calurosamente y con vehemencia carnal atraen con la mirada a la boca llena de color carmesí de Cinthia y, eso a ella le agrada porque cree que da celos incontrolables. inconscientes y atrevidos a Juan de la Cruz. Juan de la Cruz petrifica con sus ojos en los labios de color carmesí de Cinthia y, sólo, la desea tanto que comienza a imaginar y a fraguar un numen inventivo que controla su sentir, sus labios y hasta su pensar con tan sólo ver a ésa mujer de frente a él. Mientras tanto Rosa es la que lleva consigo a una rosa, observa todo el espectáculo con prudencia, sin celos ni envidias desatando la ira en el interior buscando una solución al problema de la sensualidad que expele Cinthia frente a su esposo Juan de la Cruz. Rosa es la que lleva consigo siempre a una rosa que le otorga seguridad, pasión, amor, tranquilidad y sin sentir celos ni envidias de nadie, sólo, converge en sentirse protegida, amada, segura de sí misma sin importar habladurías, rumores, vacuencias y sandeces de la gente sin importar que ella es ella y es la rosa que lleva consigo siempre, Rosa. Rosa prudentemente pasiva y muy certera va y va observando a Cinthia y a Juan de la Cruz con miradas fugaces, atrevidas, candentes, vehementes y muy sensuales. Eso a Cinthia le arde en el alma y en el corazón como daga penetrante, punzante y dolorosamente en su propio corazón. Rosa es la que lleva siempre consigo a una rosa, sólo, quiere ser esa rosa con espinas para poder herir en el alma, en el corazón y, más entre los ojos a Juan de la Cruz por mirar inconscientemente a otra mujer que no sea ella. Rosa petrifica el frío y el hálito gélido en esa rosa que lleva siempre consigo y las espinas más se encienden y se sienten palpitar como la sangre que brota cuando es plétora abundante y que expele las venas por tanto odio, celos y envidias por tener la mujer atrevida, sensual y atractiva al hombre fiel, enamorado y leal hacia una mujer que lo ama como ella ama a la rosa.
Rosa es la que lleva consigo siempre a una rosa. Rosa, sólo, quiere acabar, terminar, finiquitar y finalizar con la velada en su mansión y despedir a todos los comensales para ella poder ser la rosa sin espinas amando con dolor a Juan de la Cruz. La vida se torna exasperante, diferente y muy trascendente cuando Rosa es la que lleva siempre consigo a una rosa y espera vehementemente y con pasión a Juan de la Cruz en su habitación, pero, el hombre se escabulle, se desaparece y no hay rastro de él cuando en la noche y de madrugada se marcha lejos de la mansión con Cinthia. Cinthia es la mujer atrevida, sensual, atractiva y de labios color carmesí al dejar sólo un rastro de sus labios color rosados cuando fue besada con vehemencia dejando atrás al color carmesí en sus labios. Cinthia, también, se escabulle entre los hombres comensales de la mansión dejando atrás a todo un bufete de abogados sin destino alguno cuando se marcha lejos con Juan de la Cruz hacia un motel dejando desavenencias, vicisitudes e indiferencias entre los invitados a la mansión. Cinthia quedó atraída y consecuentemente atrevida ante un hombre casado, fiel y amante del amor, pero, ella logró con su sensual atractivo caer rendida ante los brazos de un hombre que lleva consigo a todo el amor. Cinthia petrifica sus ojos en Juan de la Cruz si es la mujer y con todo ser vehemente, carnal y muy atrevido porque se lleva consigo a la cama a Juan de la Cruz sin importar que Rosa quede como la rosa marchita sin marido, amor, pasión, seguridad y tranquilidad en una habitación esperando siempre por el amor de Juan de la Cruz, pero, él ya se había marchado lejos de la mansión con Cinthia. Juan de la Cruz se marcha lejos de la mansión junto a Cinthia colocando al amor sin sustraer el odio, los celos y la envidia que siente Rosa por ésa mujer sensual de nombre Cinthia. Juan de la Cruz no sospecha ni tan siquiera siente el menor capricho que tiene una mujer enamorada cuando el deseo y la vanguardia del amor es todo para poder amar, pero, a él no le importa que Rosa sufra en el amor y que ella lleve consigo a la rosa que siempre le otorga paz, sosiego, tranquilidad, amor, pasión y seguridad esperando siempre por el verdadero amor que llegue a sus brazos y Rosa ni tan siquiera piensa o sospecha que su esposo Juan de la Cruz ya se había marchado junto a Cinthia de la mansión. Rosa queda con todo el amor, con todo derroche, con toda suspicacia en el amor dejando inerte al corazón e inmóvil la razón. La vida no calma en redención una sola cosa y es que el amor va y va en derroche despilfarrando pasión, locura, sensualidad, mucho atrevimiento y es el amor de Rosa que es la que lleva consigo siempre a una rosa. Rosa, sólo, imaginó y pensó en esa noche que el amor y la pasión no caduca ni expira sino que enternece y que no se iguala en un ir y venir entre la habitación para poder soportar infidelidad, despego o para marcharse lejos por el atrevimiento sensual de una mujer que enloqueció a todos los hombres en una noche. Rosa no sabe qué pensar, qué imaginar, qué sospechar, pero, lo único que sabe es que su marido Juan de la Cruz no se halla pernoctando en la mansión ni al lado de ella ni en otra habitación y, eso a ella le duele en el alma y, más en el corazón pensar e imaginar que su amor se haya ido con otra mujer sin saber que ésa mujer es Cinthia. Mientras tanto, por el otro lado, Cinthia y Juan de la Cruz se aman vehementemente con el sólo capricho exótico sensual de una sola mujer y ese nombre es Cinthia. La habitación se encuentra medio oscura, con luz opaca y tenue en esa habitación donde Juan de la Cruz ama con locura a Cinthia. Los dos se miran con locura, se besan extasiando pasión y dejando la sensualidad en derroche en esa cama donde se aman con locura.
La noche imparte sensualidad y en derroche fantástico, errático y sin táctica. Rosa penetra hasta el fondo de su pensar, imaginar, fraguar e inventar por qué su marido, apenas, de madrugada no se encuentra pernoctando en la mansión. El silencio aviva la espera, la esperanza, el desespero y exasperación de una mujer que sabe amar fielmente a un hombre y que, apenas, sospecha que su hombre se encuentra con otra mujer. La frágil imaginación de una mujer prudente, decente, con virtud y elegante que respeta todos los parámetros, estándares, preceptos de un amor fiel sin apenas caer en tentación por un pecado infiel de su hombre. Rosa es la que lleva siempre consigo a una rosa porque habla con esa rosa y le expresa que… -“soy Rosa, la que lleva siempre consigo a una rosa, y esa rosa eres tú, la que me persigue y me atosiga dando aromas, belleza y fragancia de una rosa tan hermosa como un corazón que sabe amar y que late pulso a pulso por la vida venidera. Soy Rosa y tú eres mi rosa, la que me da seguridad, paz, sosiego, tranquilidad, pasión y amor y sé que eres tan bella como la vida misma, como el mundo mismo, como el paisaje que existe de frente y como el amor inocente, puro e ingenuo y como la pasión vehemente que en ésta madrugada no tengo. Soy Rosa, la que imparte una rosa a cada rosa y en cada jardín del corazón una rosa que sabe amar y desea entregar el amor como yo entrego todo mi corazón a Juan de la Cruz y si éste hombre fuera infiel me destroza el alma y el corazón. Si yo llego a saber que Juan de la Cruz me ha sido infiel porque yo soy Rosa que es la que lleva siempre consigo a una rosa y con sus espinas entregaría la vida, el corazón y el alma…”-. Rosa pensó en esa noche que su marido es infiel porque no lo halla consigo en la mansión. Rosa mira a la rosa y piensa lo que fragua una mujer cuando su marido no está en la casa y observa que la rosa se va poniendo marchita. La vida se aferra a la sola idea de saber que el hombre es infiel y todo por aquella sensualidad despilfarrada por aquella mujer de nombre Cinthia. Rosa está sin pensar ni imaginar que por callar se aterra a una tétrica vida y a una funesta mala situación cuando se aferra a que su marido no es infiel, sólo, salió de momento de la mansión sin importar dejar sola, abandonada y destrozada a una mujer que, sólo, pedía amor. Rosa es la que lleva consigo siempre a la rosa, pero, la rosa quedó marchita y ella quedó marchita con la suerte hecha trizas y la vida en pedazos. Rosa está petrificada, inmóvil, inerte y muy desolada en su habitación esperando siempre a su amor, a su marido, a su pasión mientras Cinthia es la mujer sensual, atrevida, atractiva y que enloquece a los hombres tan sólo con los ojos. Ésa mujer sensual y que enloquece con el movimiento de su cuerpo y de sus caderas con un traje tan atrevido y exótico, con un escote que enloquece porque a Juan de la Cruz lo enloqueció y se lo llevó lejos de la mansión. Rosa quedó inerte, inmóvil, en una habitación atrapada, encerrada, encadenada y atada al pensar en la infidelidad de su hombre y, sólo, recuerda aquellas últimas palabras que le dijo Cinthia en la fiesta de la mansión que… -“tu marido está apto para madrugar ya que no me quiere aquí”-. Rosa imagina y piensa lo peor ya que su marido se encontraba celoso de las miradas de los hombres hacia Cinthia y Rosa cree que, por eso, es que no la quería allí en la mansión. La vida para Rosa es interpretar, fingir, ser prudente y decente como toda dama, como toda rosa clandestina, fragante y que celosamente ofrece su fragancia, pero, no, ella no quería ser más así si, sólo, deseó ser atrevida, atractiva, imprudente y sin ser tan sofisticada como aquella rosa y quería ser como ésa mujer de nombre Cinthia para que su marido se la comiera por los ojos y deseara morir por ésa mujer.
Rosa es la que lleva consigo siempre a una rosa, pero, ésta vez observa que la rosa está marchita. desnuda, fragante y sin resplandecer cuando el sol y la lluvia eran la seguridad, paz, sosiego, tranquilidad, pasión y amor que le otorga siempre esa rosa a Rosa. Rosa hace hincapié, siendo inmóvil e inerte con tan sólo esperar, esperar y esperar a su marido en aquella fría habitación de la mansión y, sólo, desea ser aquella rosa clandestina y fragante y, sin poder dar fragancia quedó marchita y de color negro como la noche fría desnudando a la vida, al tiempo y al amor puro, inocente e ingenuo en su propio corazón. Rosa logra desaparecer a aquél pensamiento inútil, vacuo, sin fundamento con una sandez lerda y estúpida que, sólo, le atrajo dolor, desesperanza y un corazón descorazonado. La vida para Rosa fue como aquella rosa, sí como la rosa que siempre lleva consigo marchita, desolada, triste, ambigüa, pero, continua en el afán de poder subsistir o sobrevivir, a pesar, de que la rosa marchita. El amanecer llega y redunda en un capricho deambulante y de insomnio en locura por el temor de que su esposo le sea infiel porque no llegó ni en el amanecer. Rosa espera, espera, espera y desespera lo que exaspera a un amor inocente, puro e ingenuo en el corazón de Rosa. La vida para Rosa es como la rosa que lleva siempre consigo y en su mente caprichosamente juega un juego mortal, letal y como la ruleta rusa una bala que puede ser muy mortal y, así son las espinas de la rosa cuando Rosa jura que si su marido es infiel a ella cortará en plétora abundante a sus propias venas dejando sangrar la vida. Rosa es así porque lleva consigo siempre a una rosa y esa rosa le otorga potestad, seguridad, sosiego, tranquilidad, paz y mucho amor y pasión desnudando el alma y el corazón en una sola rosa y es la rosa que Rosa siempre lleva consigo. El hombre llamado Juan de la Cruz da señales de vida cuando después del amanecer llega con una resaca y con olor fétido a alcohol. Rosa indaga, pregunta y refuta sin preguntar porque él, aunque, ella preguntara no le contestará. La vida para Rosa comienza un total infierno entre el amor infiel y el amor puro, inocente e ingenuo para poder ser feliz queriendo derribar toda duda de amor infiel. La vida para Rosa no calma en irremediablemente dolor cuando el dolor se aferra como se aterra en una tétrica vida porque su esposo le es infiel destronando y desmoronando a toda vida destrozada. La vida para Rosa interpreta todo silencio de amor infiel porque el marido le es infiel y ella está sin tener la noción ni saber quién es la mujer que por él le deja hasta sus propios ojos desnudando la vida, la esencia y la virtud exacta para discernir lo que conlleva un amor fiel. La vida atormenta y bifurca lo que atrae y sustrae, oprime y suprime dejando al corazón inerte, inmóvil e indeseado porque Rosa, sin merecer la cruel infidelidad de su esposo, se juega todo por el todo desnudando y sin poder marchitar a la rosa. La vida bifurca y atrae lo que distrae, la cual, es una infidelidad tan extraña que, sólo, la siente Rosa en su pecho, en su pensar y en su corazón como una espina de esa misma rosa que siempre lleva consigo. La vida atormenta en una terrible locura cuando Rosa, sólo, piensa e imagina que su esposo puede ser infiel y, ¿será con Cinthia?, la mujer atractiva, atrevida y sensual que se llevó todas las miradas en un santiamén de todos aquellos hombres en la mansión. La vida comienza a llevar una idea, una sensación y una bifurcación cuando el hombre desea y quiere ser infiel, pero, el amor no importa cuando el alma y la vida entrelaza una pasión, sensualidad y un atrevimiento para tentar a la vida para ser infiel y, así fue que la prudencia y la decencia no pudo ni podrá con la sensualidad que derrama una mujer como Cinthia.
Rosa desea preguntar a su marido por qué llegó tan tarde en el amanecer, pero, quedó inmutable, inmóvil, muda de espanto, pero, en su interior el corazón de una mujer no la engaña. La verdad es que la vida comenzó como una rosa resplandeciente dando sol y lluvia a sus lindos pétalos, pero, hoy día la rosa ha marchitado y está fragante, de color negro y sin brillo porque la vida ha dado en el dedo acusador de la infidelidad y es Juan de la Cruz, el cual, es el gran infiel entre la relación entre Rosa y él. Juan de la Cruz queda callado, satisfecho, sin necesitar amor rogado ni pasión a la deriva y quedó inmutado ante la presencia de una mujer como la rosa resplandeciente y hermosa, pero, en el suburbio de su corazón imparcialmente quedó celoso de aquella rosa que Rosa lleva siempre consigo. Rosa piensa e imagina que si su hombre le es infiel no sabrá nunca cómo actuar si herir la vida o marcharse lejos cuando las espinas de esa rosa sólo le recuerdan herir la vida y morir en paz. Si la verdad es que la infidelidad de Juan de la Cruz está por descubrir sin poder esconder ni hallar la suerte bajo la manga. La vida es como es, es la vida como el latir de un corazón, fuerte, transmutado, sin trasfondo ni trascendental camino sino que el amor lo es todo para poder amar, vivir y ser feliz. Rosa tenía todo eso hasta que llegó la mujer sensual y atrevida, la que no se le escapa nada ni tan siquiera al marido de Rosa. Rosa destroza a su corazón sin pensar en el ayer cuando era feliz, pero, hoy la rosa se halla marchita, desolada, sin pétalos resplandecientes, sin sol ni lluvia, sólo, con un color marchito que le ha dejado a la rosa sin calor, sin amor, sin pasión y sin vehemencia. La rosa, la que lleva siempre consigo Rosa está en una esquina desolada sin estar prendida, sin sol ni lluvia, sólo, huele a fragante, inestabilidad de una rosa que ha perdido toda su fragancia dejando inerte e inmóvil a un corazón que sí supo del amor. La vida para Rosa comienza con un dolor de cabeza tan fuerte como lo que es pensar que su marido es infiel y, así comenzó todo con desprecios a la hora de amar y sin necesidad del amor Juan de la Cruz llegando satisfecho a la mansión como lo que es pensar que él ya tiene a otro amor.
Rosa, aún, está sin percatarse de la mala situación porque lleva consigo siempre a una rosa y esa rosa, aún, sin ser fragante, sin dejar a su aroma, belleza y hermosura es la gran rosa que a Rosa le encanta. La rosa de Rosa siempre lleva espinas dolorosas, crueles, muy punzantes y que hieren en el alma con tan sólo recibir de la rosa desprecio, odio, dolor sin sol ni lluvia desmoronando la vida en poco tiempo. Y, ese poco tiempo ha llegado como la costumbre de amar, perdonar y edificar la vida, el amor y la paz para demostrar que el amor lo es todo, pero, para Rosa que es la que lleva siempre consigo a una rosa y es la rosa que es todo para Rosa cuando sus espinas serán su mortal paz dejando a la vida tan inerte, inmóvil, e indeseada. Las espinas de la rosa serán el punto de partida para ella poder matar a ese corazón con una espina que le llegará al alma cuando sospeche y tenga la certeza que su marido la engaña y le es infiel con otra mujer, pero, si es con su mejor amiga Cinthia, ¡jamás lo perdonará! Rosa es la que lleva siempre consigo a una rosa porque se deleita, se aferra y se concentra, sólo, en amar a su marido Juan de la Cruz sin apenas creer que le es infiel con su mejor amiga Cinthia. La tarde es una tarde de verano y yace a plenitud todo un sol derramado en el cielo y Rosa lleva consigo siempre a una rosa. Cinthia llega a la mansión derrochando pasión, elegancia, sensualidad, con la distinción de su perfume adherido a su piel y sus labios de color carmesí destilando veneno como regando todo su perfume por todos lados. Rosa recibe a Cinthia con los brazos abiertos y comienzan a charlar y a dialogar.
Rosa es la que lleva siempre consigo a una rosa y le contesta la pregunta a Cinthia que es una pregunta que siempre le ha preguntado que por qué ella siempre lleva siempre a una rosa. La pregunta no quedó en el tintero ni mucho menos en el aire sino que Rosa con fuerte voz aguda penetró hasta el fondo del ser de Cinthia dejando entrever que si su corazón saldrá lastimado será sólo con las espinas de esa rosa que lleva siempre consigo y que no permite que nada ni nadie le haga daño si es una rosa clandestina, con fragancia, que otorga seguridad, paz, tranquilidad, sosiego, pasión y amor porque es la rosa que Rosa lleva siempre consigo. Cinthia quedó pasmada, pasiva, incolora, sustrayendo compasión hacia una mujer prudente, decente y poca cosa porque todo lo que cree Cinthia es el poder que tiene una mujer entre sus deseos, pasiones, sin importar el dolor ajeno, sólo, satisfaciendo a su propia voluntad. La vida teme una sola cosa y es que el amor llega como se va y se va como llega y, así mismo fue cuando Juan de la Cruz llegó a la mansión con un guiño de ojos entre Juan de la Cruz y Cinthia. Juan de la Cruz se marcha de la mansión y Cinthia se disculpa con Rosa. Juan de la Cruz se marcha junto a Cinthia de la mansión. Rosa llega a ver por la ventana que los dos se van juntos. Rosa está aún sin percatarse de la cruel infidelidad de su marido y aprieta a la rosa que lleva siempre consigo y se hiere frágilmente con las espinas de la rosa. Rosa se marcha a su fría habitación pensando e imaginando la posible posibilidad de una cruel infidelidad y observa que en su coqueta existe un “bouquet” de rosas que su esposo le había regalado. La mujer de nombre Rosa persigue y atosiga al “bouquet” de rosas y lo observa detenidamente pensando en la posible posibilidad de una infidelidad de su marido. Rosa es la que lleva siempre consigo a una rosa, piensa e imagina que si su marido le es infiel ella morirá en el acto. La rosa con sus espinas yace intacta, inerte, inmóvil, prendida y resplandeciente de sol y de lluvia como si presagiaba o vaticinó un terrible cometido entre Rosa y la rosa que lleva siempre consigo. Rosa se observa detenidamente en el espejo en su fría habitación cuando llueve y se dice que… -“hoy la lluvia parece presagiar que no saldrá el sol y la rosa queda sin estar resplandeciente cuando la vida quiere morir con las espinas de ésta rosa…”-. Rosa desde su fría habitación penetra hasta el fondo del ser queriendo destruir, desmoronar, desvanecer a su sola vida y en soledad yace Rosa y la que la acompaña en soledad, la cual, es una sola rosa que lleva siempre consigo. Rosa perpetra una sola cosa que sí morirá de dolor por la infidelidad de su esposo preferirá morir en el acto con las espinas de la rosa espetadas entre sus venas y es ella la rosa, la cual, lleva espinas dentro de su corazón. Rosa es la que lleva siempre consigo a una rosa tan clandestina, fragante de pasión, resplandeciente, brillante, prendida de sol y lluvia, pero, ésta vez, la rosa estaba marchita dentro de su alma y su corazón esperando a que él llegara a la habitación y la amara, pero, no, él nunca llegó sino que prefirió quedarse amándose con la sensual y atractiva Cinthia. Rosa quedó escuchando a las gotas de lluvia caer fuertemente al suelo y, sólo, supo una cosa y es que la rosa necesita de la lluvia para vivir también, pero, ella hace paradigma con la lluvia y el llanto de sus ojos queriendo destruir todo comienzo y toda verdad como una sola mala insistencia de un mal vivir. Rosa escucha el llanto de sus ojos como las gotas de lluvia que caen al suelo. Rosa se viste con un traje de color blanco que es un traje exquisito, elaborado con perlas y broderie. El traje de color blanco para ella significaba prudencia, decencia, verdad impoluta, fidelidad, pureza, tranquilidad, sosiego, paz, seguridad y lo mismo que la rosa de color blanco que a ella le otorgó por mucho tiempo llevando consigo.
El color de la rosa fue descifrado, destapado y, más que eso revelado porque Rosa siempre lleva consigo a una rosa de color blanco y es la rosa que da pureza, tranquilidad, paz, sosiego, ingenuo e inocente amor y, así ella siempre lleva a la rosa consigo. Rosa es la amante de las rosas con vestido de color blanco porque decide secar lágrimas, borrar dolor en el alma y el corazón dejar sin razón. Rosa es la que siempre lleva consigo a una rosa y la rosa es de color blanco, la cual, le otorga todo aquello precipitado y lo que más ella anheló que era tener en su vida, pero, la mujer sensual, atrevida, atractiva y que enloquece a los hombres con su movimiento sensual de cuerpo y cadera, la que es como la rosa de color rojo prendida, encendida, pasional, atractiva, directa, segura y muy atrayente es la que se quedó con su marido Juan de la Cruz. Rosa vestida de color blanco enciende unas velas de color blanco en su fría habitación y todo porque no tenía luz por la fría tempestad que ocurría en el momento. Rosa se encuentra con su vestido de color blanco en esa fría habitación pensando, imaginando y llorando a lágrima viva por el gran amor de su vida, sí, por Juan de la Cruz. Rosa es la que lleva siempre consigo a una rosa de color blanco cuando aviva la espera de esperar por algo inesperado, desespera, exaspera, pero, es inocua con un temple, audaz, frío y calculador esperando por algo que nunca va a llegar porque lo que se va no regresa y lo que regresa nunca se hubiera marchado. Rosa junto a su vestido de color blanco, velas de color blanco y un bouquet de rosas de color blanco junto a su coqueta por el regalo de Juan de la Cruz decide ser fuerte, tenaz, audaz, pero, su pensamiento la embarga, la atosiga, la desespera y la tiene en un pensar dañino, doloroso, vacuo, lleno de sandez, ineptitud y con un lerdo corazón. Rosa comete un débil y equívoco error en su vago pensamiento y es querer matar de un ¡zás! a ese triste, pobre e insistente corazón que sólo piensa en la infidelidad de su marido. Rosa toma el bouquet de rosas de color blanco y lo aprieta contra su pecho cuando las espinas yacen frías, inertes, inmóviles, pero, muy filosas con el afán de querer herir a alguien o a ella misma. Rosa toma las rosas de color blanco y con ellas hace una incisión oblicua entre las venas de sus muñecas en las manos y comete el peor suicidio derramando sangre de color rojo en plétora abundante en todo su vestido de color blanco. La rosa que Rosa lleva siempre consigo de color blanco se manchó, ésta vez, de sangre color rojo vivo y Rosa murió en el acto. Rosa quedó completamente del color rojo como la sangre, viva, atractiva, atrevida, sensual y con lo que enloquece a los hombres una sangre hirviendo pasión. Rosa quedó sin vida desde que las espinas de la rosa de color blanco y que ahora eran de color rojo con la sangre viva de ella, sólo, dejó que las espinas penetraran hasta el fondo de sus venas y poder calar tan hondo como aquél amor que ella sentía por Juan de la Cruz.
FIN