¡Horademos!
Mi cabeza es roca
que gasta la broca,
su repetición.
Conduzco un rebaño de ausencias,
las estaciones de orar
con cartel de inmobiliaria,
y la fe,
relegada al mercado de pulgas.
¿Cómo escapar de este bolsillo
al que entré por abrigo,
su engaño habitual?
Mi conciencia es chatarra del espacio
y su orfandad,
tanto peso,
ni un par de huesos más.
Tengo una estampita
bajo la esperanza
y un crucifijo para armar.
Trato de adaptarme,
pero sigo sin encontrar
quien quiera este karma
de segunda mano.