En el regazo nocturno
Madre...
Ayer te vi, hablamos.
Hoy también nos vimos
y nos abrazamos.
En el regazo nocturno
te encuentro y oramos.
Amor puro y eterno:
no es una ilusión,
es la fe del viento
que trae tu canto.
Madre, siento tu aliento,
tu abrigo, tu manto;
despiertas mi paso
y ando el camino,
viviendo la gracia
que me da tu encanto.
Ese beso que brilla
en el cielo callado,
en este diálogo hondo,
celestial y sincero,
que brota del suelo
que piso y venero.