A mí me gusta la noche
ciertamente
más que el día.
A veces, solo a veces,
-insisto- algunas pocas veces,
o casi siempre,
como ahora,
uno amanece triste.
Y el día, iluminado,
fresco, joven,
glorioso…
te sugiere estar bien
¡La presión de estar bien!
Y no.
Claro que no lo estás.
Gracias al cielo
nos queda la noche.
Uno en la noche
puede estar bien
o bien estar mal,
pues entonces
cuando se está mal
uno puedo decir:
es la noche.
Y se deshinchan los hombros
y los ojos te brillan,
esa presión ya no está...
Cerca o lejos de todo,
esta vez estás bien.
Y esta vez de verdad.