No es tristeza.
Es otra cosa, algo sin nombre que se sienta con nosotros sin decir nada.
Nosotros tampoco hablamos.
Hemos aprendido que algunas heridas se vuelven más profundas cuando intentamos explicarlas.
Un día desaparece.
No sabemos cuándo.
Solo descubrimos que podemos respirar sin demostrarle nada a nadie.
Y entendemos que no siempre nos salva lo que llega.
A veces nos salva aquello que, por fin, deja de quedarse.
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Rafael Blanco López
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