Cuando tú tejías sueños de tierra y sangre…
yo, tu Amor, estaba ahí;
preparando el telar y la lana,
tiñéndola de arcoíris
y así ofrecerla a tu alma.
Volaste en un suspiro de eternidad;
y Yo estaba allí, pintándote las alas…
¡Y renaciste de nuevo, querida!,
inundando un hogar humano
con mi perfume de vida.
Me tienes, y siempre me has tenido,
en tus penas y alegrías;
no puede ser de otra manera.
Me olvidaste aquel día
que miraste hacia afuera.
No temas, amor, Amor, ¡no temas!
Que no entre el odio en tu corazón;
deja que mi voz de niño
desinfecte tus dolores de alma
y saborees eternidad e infinito.
Nunca lo olvides: Yo estoy Aquí,
y siempre será así.
Soy tu cielo, donde dibujas tu amor;
soy el ungüento milagroso,
condenado a refrescar tu corazón.
Nunca, jamás nunca, estarás sola;
eso es solo un espejismo…
Las raíces de mi realidad
están profundamente incrustadas
en tu cuerpo, mente, alma y personalidad.
Angel Miguel