No recuerdo tus versos.
No podría citarte
la frase del poema que hace un rato
leí con emoción y que juré
logró tocarme el alma,
incluso lo volví mi favorito…
Ahora está arrumbado, ahí… con otros,
que tuvieron, también, la misma suerte.
Y sé que no… no volveré a mirarlos.
Destino totalmente inmerecido.
Poetas –si, te incluyo– como tú
rompiendo sus entrañas,
con la sangre y las lágrimas
brotando con dolor del corazón,
pintaron su tristeza ante mis ojos.
¿Y todo para qué?
¿En qué lo transformé?
Lo transformé en un signo
que espera la respuesta de otro signo.
Así comienza el ciclo y lo repito…
Repito y lo repito…
Repito y lo repito…
Hasta alcanzar la cifra.