Juan Roldan

El barquero

En la orilla de la muerte,
vaga una sombra callada,
con la barca desgastada
esperando ver tu suerte.
Su mirada es fría y fuerte,
cruza el río del olvido,
donde todo lo vivido
pierde el brillo y el calor.
Caronte, el cruel remador,
del humano que ha partido.


Cual sombra en la noche fría,
navega el viejo barquero,
cobrando siempre el dinero
en la final travesía.
En su barca de agonía
cruza el agua del olvido,
con un lamento perdido
que se ahoga en la corriente
frente a un destino inclemente
hacia el reino del olvido.


Viejo barquero del río,
que entre la bruma del Hades,
vendes mudas soledades
con un lamento sombrío.
En tu madero de frío
flotan las almas dolientes,
viejos, niños e inocentes
buscando la otra ribera,
mientras tu mano severa
cruza las negras corrientes.


No hay ruego que lo conmueva,
ni riqueza que lo altere,
al mortal que humilde muere
en su barca se lo lleva.
Hacia el mundo que no eleva
ningún canto de alegría,
sino eterna noche fría
donde el tiempo se ha parado.
Y en el reino silenciado,
reina su monotonía.


Aqueronte es el testigo
de este tránsito silente,
donde la pálida gente
busca el descanso o castigo.
El olvido es el abrigo
en el reino de la sombra,
mientras que la muerte nombra
con su ecuánime mirada

a toda alma condenada

al castigo de la sombra.