Elthan

¿Por qué sangra la noche, si nadie ha conseguido herirla?

¿Por qué sangra la noche, si nadie ha conseguido herirla?

 

 

¿Quién le enseñó a las tinieblas el nombre del sufrimiento?
Hay un colgante de vidrio que pende del cuello de un muerto.
La gárgola guarda en su boca una semilla.

 

 

Dos sombras se reconocen...

bajo un techo que la lluvia ha vuelto inhabitable.

Una de ellas ofrece su corazón;

la otra lo recibe,

únicamente el frío que queda después de un suspiro.

En el fondo, la ternura conserva unos labios que ya no existen.

El amor permanece sentado,

aguardando una voz que el tiempo ha borrado.

Cuando llega la mañana,

dos siguen unidos en la misma piedra,

aunque ninguno lo recuerde.

 

 

Un hombre abre la estancia de su pecho,

asomando una escalera descendiendo hacia el hambre.

Ningún peldaño conduce al lugar donde comenzó la caída.

 

Una mancha gris cubre el rostro de una estatua.

La piedra posee la expresión de quien pidió clemencia.

El ser contempla aquella boca inmóvil,

asimila que la compasión también puede convertirse en una forma de abandono.

Después, la estatua abre los ojos,

retrocede rengueando,

volviendo a ser piedra caliza.

 

 

El cuerpo conoce el sufrimiento antes de comprender que posee algo.

La conciencia llega después,

con sus preguntas y sus instrumentos variados...

arañan inútiles.

Un animal herido busca agua;

un cocodrilo busca la causa de su sed.

Ambos encuentran la misma oscuridad.

Solo uno de ellos puede convertirla en una condena.

 

 

¿Por qué me ocurre esto?

¿Por qué a mí?

¿Qué significa?

¿Por qué no puedo dejar de sufrir?

 

 

Una mujer vestida con telarañas muere en una habitación,

nadie recuerda haberla construido.

Su hijo conserva una fotografía donde ella aparece de espaldas.

Durante años, él habla con aquella figura sin rostro.

Hasta la mañana que descubre que la imagen ha desaparecido.

El marco permanece sobre la mesa.

El vidrio asimila la forma de la ausencia.

 

Bajo el dolor abunda la neblina,
la mente arrulla el peso de su historia
y el tiempo borra lo que el alma desangra.

 

 

Al desear una existencia sin heridas,

comprende que también tendría que renunciar

a la posibilidad de perder aquello que ama.

La idea parece insoportable.

Un sentimiento contrario parece peor.

Entonces mira sus manos

y nota que ninguna de las dos respuestas le pertenece.

 

 

Cuando el último martirio abandona el cuerpo, el mundo no cambia.

La noche continúa sangrando sobre los tejados.

La gárgola cierra los ojos.

El cadáver gritó su nombre.

El individuo deja de recordar por qué lo buscaba.

En algún lugar desvelado,

una alcantarilla permanece abierta hacia un lugar que nunca existió.

 

 

Elthan.