No hace frio ni al sur
ni al norte
de la salamandra,
pero sería bueno
arrimarle leños
y más leños.
El paisaje pasa y pasa
y el trencito sigue y sigue,
se retuerce en una curva
y los turistas se corren
a este lado
y se asoman
por las viejas ventanillas
y gastan clics y flashes
para llevarse un recuerdo
de aquellos de atrás
que ni conocen
y que también se asoman
y hacen lo mismo
(también los retratan)
como una devolución de gentilezas.
En un momento se aquietan,
toman chocolate
con tortas esponjosas rellenas
de dulce de leche,
de vez en cuando se ríen
con las bocas blanqueadas
de azúcar impalpable,
de vez en cuando se acuerdan
que hace frío,
buscan su espacio al sur
o al norte
de la salamandra,
el paisaje está ahora de aquel lado
y allá van, cámara en mano
y gastan clics y flashes
para llevarse recuerdos
de los techos de las casas
y de las ramas peladas
de los álamos
porque el tren
no tiene apuro
y va por la ladera
traqueteando
cuesta abajo.
Listo hemos llegado,
no olviden los abrigos
ni objetos personales.
Derechos reservados por Ruben Maldonado.