Para mí, recordarte se ha vuelto una costumbre
como mirar al cielo y contemplar las nubes;
di todo lo que pude, nunca fue suficiente,
pues tú no precisabas cargar con mis dolores.
Di todo lo que pude, todo el amor que había,
aunque fuera muy poco, aunque naciera escaso;
te di toda la risa que cupo en esta boca
y toda la tibieza que tenían mis brazos.
No te reclamo nada, a lo mas que te fueras,
pues al partir te fuiste arrancando mi vida;
y me dejaste como un enfermo que ruega,
a su Dios, entre llanto, que le tenga clemencia.