Una nube en mi azotea
amenaza con saltar,
y yo, que daría todo por flotar,
respiro aliviado.
No intento salvarla,
solo aliento su destino:
toda vacante en el cielo
supone un engaño.
Me mira y oculto la falla;
ser bípedo terrestre,
no es su anhelo.
La nube persiste,
abroquelada en la duda;
le arrojo mi certeza,
pero es lanza que no muerde
la inmaterialidad.
Luego insisto,
que mi destino es flotar,
pero sigo aquí,
acechado por la gravedad.
No tengo esperanza,
acabo de perderla:
si alguien la ve,
por favor no la devuelva.