Cuando vivir es renacer y también libera detenerse, y la duda y vulnerabilidad son umbrales que obligan a crecer.
Sin estancarse;
empujando hacia delante:
porque nunca se sabe qué hay más allá...
hasta que se conquista de verdad.
Renunciando a lo que desgasta,
a lo superficial, a lo que resta.
Aceptando la derrota por ser experiencia, enfrentando lo que venga con actitud y firmeza...
yendo siempre a por más, porque avanzar es la meta.
Caminando hacia delante,
aunque sea entre sombras;
sin rendirse, porque vivir es luchar.
Siendo consciente de lo poco que se sabe,
de todo lo que aún late en silencio para quien sabe alcanzarlo.
Siendo uno mismo. Viviendo el instante.
Habitando el presente:
lo único real.
No es la ecuación perfecta,
pero sí...
una buena opción
para seguir hasta el final.