Ante el tribunal de los recuerdos,
presento mi queja formal
por tu intromisión constante
sin permiso en mis noches tranquilas.
Llevas años ocupando
mis fantasías más íntimas,
rompiendo mi descanso sin pagar alquiler
y habitando cada uno de mis sueños.
El tiempo transcurrido
no ha borrado ni borrará
tu delito de ocupación emocional;
ni el sentimiento que guardo intacto por ti.
Aporto como evidencia irrefutable
mis inquebrantables suspiros,
esta memoria terca que jamás olvida tus mejillas
y tu dulce sonrisa que aún guardo.
Solicito que seas declarada culpable
por esta invasión ilícita
que afecta a mis pensamientos
del pasado, del presente y del futuro.
Exijo la medida cautelar
de reunirnos a tomar un café,
buscando negociar juntos
los términos de una condena compartida.
Esta denuncia prueba que,
tras tantos años transcurridos,
mi afecto sigue incólume
con la misma fuerza del principio...