Naim

La primavera de los demonios

un sequito de brujas y vampiros estan conmigo,
satanas es mi primo, pennywise es mi amigo,
traigo un templo de tripas trituradas por testigos,
y en mis timpanos titilan los lamentos del abismo.

crujen craneos, crecen grietas, gritan gargolas grises,
cien cadaveres conversan con sus lenguas infelices,
hay gusanos que se arrastran por las venas de los jueces,
y la luna luce llagas mientras rie entre sus dientes.

voy vestido de violencia, viscosidad y vigilia,
con la piel hecha ceniza y la pupila amarillista,
mi sonrisa es una sierra, mi saliva, gasolina,
y mi sombra se desangra cuando el sol la cicatriza.

para noma hacia paranoica la pena me peina,
la vena me envenena, la escena me condena,
la muerte me murmura mientras muerde mi memoria,
y mi mente se fragmenta multiplicando la miseria.

tengo un coro de corvos corrosivos en la cornisa,
que recitan ritos rotos con ridicula sonrisa,
cada silaba se oxida, cada frase se me fisura,
cada metafora me mata, pero el miedo me motiva.

ya no distingo si deliro o si despierto,
si el monstruo esta en mi espejo o si yo soy el monstruo muerto;
hay un frio en el pecho, hay un fuego bajo el suelo,
y una voz que no comprendo susurra:
\"mira el cielo\".

y miro.

...

perdoname, cristo.

no por creer en cielos, ni por buscar un salvador,
sino porque despues de tanto ruido descubri el silencio;
porque entre tanta herida, tanta ira, tanto incendio,
me quedaba todavia un rincon intacto en el pecho.

y mire.

y habia luz.

no una luz divina, ni un mandato descendiendo,
sino el sol sobre los techos, lentamente amaneciendo;
la ciudad desperezandose, los balcones sonriendo,
y mi sombra, por primera vez, no parecia estar huyendo.

la mañana me llamaba con su calma cristalina,
y la brisa me acaricia, me despeina, me reanima;
la tristeza se destiñe, la rutina se ilumina,
y la vida, tan sencilla, se me vuelve extraordinaria.

ya no escucho aquel abismo: escucho arboles y aves,
el murmullo de las hojas, las ventanas, los portales;
hay millones de pequeñas maravillas habituales
que parecen insignificantes hasta que aprendes a mirarlas.

y comprendo.

que vivir no era vencerle a la muerte en una guerra,
ni cargar con cada monstruo que mi mente me inventara;
era andar sin armadura, era amar lo que quedaba,
era hallar en una grieta la belleza de la entrada.

paranomasia pacifica: la pena ya no pesa,
la herida se hace vida, la caida se hace fuerza;
lo que antes me perseguia hoy me enseña y me recuerda
que hasta el miedo, con el tiempo, puede abrir alguna puerta.

ya no quiero ser eterno, quiero estar cuando estoy vivo,
quiero el ruido de mis amigos, quiero el frio matutino;
quiero el pan sobre la mesa, quiero un abrazo imprevisto,
quiero reirme por idiota, quiero estar, quiero sentirlo.

porque el mundo no es perfecto, pero puede ser precioso,
hay belleza en lo imperfecto, hay refugio en lo sencillo;
una charla hasta las tres, una cancion, un cielo limpio,
y ese instante en que respiras y no sientes ningun peligro.

la pupila ya no arde: ahora aprende los colores,
el amarillo de la tarde, el azul de los balcones;
cada calle tiene historias, cada rostro tiene nombres,
y descubro que estar vivo tambien puede dar temblores.

no de miedo.

de alegria.

que ironia: yo buscaba una salida entre ruinas,
y encontre que la salida era mirar hacia arriba;
que la vida no era limpia, ni perfecta, ni infinita,
pero aun asi tenia flores creciendo entre las grietas.

y mi mente, que era muerte multiplicando miserias,
hoy fabrica melodias, maravillas, primaveras;
donde habia paranoia, hoy hay paz sobre la piedra,
donde habia una tormenta, queda lluvia en la madera.

aliteracion de aire: suave sopla sobre el suelo,
se desliza, se dispersa, deja limpio el pensamiento;
ya no siento que el silencio sea un hueco, sea un entierro:
ahora siento que en silencio tambien puedo conocerme.

y me rio.

porque estuve tan ocupado intentando sobrevivirme
que olvide que algunas veces solo habia que permitirse
ser feliz sin una causa, ser feliz porque existe,
sin pedirle explicaciones a la luz cuando aparece.

no necesito respuestas,
no necesito comprenderlo todo para querer lo que me toca;
no necesito que el universo me prometa otra derrota
ni que alguien desde los cielos me descifre lo que importa.

me basto.

con la gente que me quiere,
con las noches compartidas,
con las bromas, las canciones,
con las tardes distraidas,
con los planes imposibles,
con las risas repentinas,
con saber que aunque me caiga,
todavia tengo otra vida.

y si vuelven los fantasmas,
que regresen.

ya no corro.

que se sienten a mi lado, que contemplen el horizonte,
que descubran que sus gritos ya no pueden controlarme;
porque incluso mis demonios, si decido acompañarme,
son recuerdos disfrazados que ya no pueden dañarme.

la violencia se hizo ausencia,
la ceniza se hizo tierra,
la tristeza se hizo tinta,
la memoria se hizo letra;
y la letra, lentamente,
se convirtio en primavera.

mi sonrisa ya no es sierra:
es sincera.

mi saliva ya no quema:
es palabra.

mi sombra ya no sangra:
me acompaña.

y camino.

sin corona, sin condena, sin cargar con ningun nombre,
sin buscar ser mas que nadie, sin temer dejar de serlo;
soy apenas este momento respirando entre la gente,
y por primera vez me alcanza con saber que estoy presente.

que milagro tan mundano:
despertar.

abrir los ojos.

ver el sol sobre la cama,
sentir frio entre las manos,
escuchar cantar al barrio,
y pensar, casi llorando:

\"que hermoso estar aqui\".

y entonces entiendo al fin
que la luz no necesita altares,
que la paz no necesita nombres,
que la esperanza no precisa explicaciones.

que a veces basta un abrazo,
una mirada,
una palabra,
una mañana despejada,
para que todo lo que pesa
pese un poco menos.

y si mañana vuelve el miedo,
lo mirare.

si mañana vuelve la noche,
la cruzare.

porque aprendi que no hace falta ser invencible
para sentirse vivo,
ni estar entero
para sentirse completo.

solo hace falta seguir.

seguir sintiendo,
seguir creando,
seguir cayendo,
seguir creciendo,
seguir queriendo.

porque despues de tanta muerte
descubri algo mucho mas fuerte:

que vivir no era escapar del abismo.

era aprender a bailar al borde
sin dejar de mirar el cielo.