Tu nombre es maíz
y vienes desde muchos milenios
alimentando la vida de los ancestros.
Tus semillas explotan en milagrosa expansión.
Tus raíces bullen en el cieno
sosteniendo el edificio de tu verde presencia.
Y es tu tallo dulce y poderoso:
una columna de miel
que recuerda mi niñez.
Tus verdes hojas explican el libro
de la Naturaleza,
traes un mensaje de la Pachamama
que se esparce en la sangre.
Tus mazorcas están llenas de perlas vitales:
unas amarillas, otras rojas, otras moradas o negras.
El Sol te besa y el agua te lame
y la savia sube por tus células y te alimenta
y tú alimentas al pobre y al rico
al feliz y al infeliz
al bueno y al malo.
Sigue existiendo maíz,
no abandones esta dimensión de misterio.
Que disfrutemos de tus aromas y texturas
que recordemos a la abuela en su fogón
al campesino y su sudor,
que bailemos con la chicha en nuestro cerebro
cuando celebremos la cosecha de tus dorados granos.
Que la liturgia,
de tu presencia se repita por los siglos de los siglos;
maíz: desgrana tus pequeños soles
llenando de calor y vida nuestras almas.