Llegamos desnudos, con los ojos cerrados,
entre el frío y la sospecha de un mapa
que se va dibujando poco a poco.
Gateamos mientras las fuerzas nos alzan para caminar
entre senderos de misterios,
caminos que se vuelven cenizas
y se hacen polvareda en el viento
que los lleva a otras dimensiones.
Pasa ligera la vida. Estática en mí.
Sale el sol, sale la luna,
se crean las mareas... llegan los terremotos.
Sale el sol...
Vas dejando las cicatrices sin herida,
se van yendo las personas, se van.
Sale el sol... sale la luna.
Nos lavamos la cara y las manos
entre las ruinas que creamos o dejamos de largo,
sin que las lágrimas mojen las mejillas.
Se secan los besos en tardes áridas
donde el sol ya se va a poner y la vida sigue igual.
La piel se nos quedó en esa cama
donde tu sombra rondaba mientras la luna se paseaba.
Se alegra la sonrisa al verte
mientras caminas por la estancia
con la idea de irte en la cabeza.
Hoy valió la pena, mientras salía el sol.
Escuché tus latidos cerquita
y pasó una brisa fresca que me acarició
en un instante donde el sol se paró a observar.
JC