EL CINCEL DEL TIEMPO POEMA 2013
Estaba allí, frente a mi espejo,
con su sonrisa sarcástica,
llena de desesperanza.
Al volver la mirada de reojo,
se delata aquella figura flácida
que los años ajetrearon;
esa burla de la naturaleza
estampada en el reflejo,
recordándome:
¡Hombre, tu juventud se ha ido!
Esas pieles tan arrugadas,
como cartón empapado de humedad;
ese tizne que cae sobre mis ojos cansados,
como la agonía de mi andar,
ya no tan diestro,
ya no tan ágil.
Y otra vez el espejo me sentencia:
¡Hombre, tu juventud se ha ido!
Pero sigo allí, frente a mi espejo,
añorando las épocas de mi mocedad,
alimentando mi ego pordiosero,
ufanándome de mis historias
y de mis cicatrices de batalla.
Le cuento mis hazañas,
como quien presume de un reino
que ya no existe.
Pero el espejo no se inmuta;
conoce demasiado bien
la verdad que intento esconder.
¡Hombre, la vida se va tan pronto!
Y mientras contemplo mi reflejo,
comprendo que los años
no pasan simplemente sobre nosotros:
nos cincelan.
Van dejando su firma
en cada arruga,
en cada cicatriz,
en cada mirada cansada.
Hasta convertir el cuerpo
en una escultura imperfecta
de todo lo vivido.
Y allí sigo,
frente al espejo,
mirando al muchacho que fui
perderse lentamente
detrás del hombre que soy.
Mientras el tiempo,
con su cincel implacable,
continúa golpeando.
Irremediablemente.
Para mi pesar.
Y quizá también
para mi orgullo.
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