Marvin Ramirez

Dos Reinos

Soy el guardia y el único reo, el carcelero inmóvil de mi propia condena. Guardo con celo cada rincón de esta recámara, ordenando la ausencia, puliendo el vacío, por si la casualidad o el destino te traen de vuelta. Pero al cuidar la puerta, me he quedado dentro: incapaz de dar un paso al frente, suspendido en la frontera de dos mundos.

En el primer reino, el aire aún respira tu nombre. Es el territorio donde te deseo con cada fibra de mi ser, una nación donde tú eres la capital de todas mis geografías. Allí todo se tiñe con la tibieza del color canela, mientras de fondo se escuchan los versos de Arjona en un eco eterno. Cada mañana, en un altar de fe ciega, reservo una rosa fresca para ese día prometido. En este mundo, tu memoria no es un recuerdo: es el único reloj que marca los segundos.

En el otro reino, sin embargo, busco una salida de emergencia. Camino a ciegas intentando aprender a borrarte, soñando con el milagro de arrancarme tu nombre de los labios. Anhelo la luz de un sol que no queme, un horizonte nuevo donde la vida deje de vestirse de gris.                                                                       

Pero debo confesártelo, amor mío: el guardia está ganando la batalla. Elijo quedarme aquí, en este hermoso purgatorio, donde la noche y el día se confunden y la única certeza es que te sigo pensando.