Aventurero
como bien soy
y cuativado por tus paisajes
como estoy
decidí recorrerte
desde que naces
hasta donde al Caribe
te haces:
Fui hasta el Carmen de Atrato
donde verte en el plateado cerro
nasciturus, nacido y pequeño
me hizo sentir calmo.
Luego bajé a Quibdó
-viéndote crecer poco a poco-
y, desde el malecón,
con tus atardeceres deleité mis ojos.
Yendo en mi champa hacia Beté
donde nadé en tu ciénaga
a unos indígenas encontré
y me enseñaron a hablar embera.
Seguí hasta la \"Isla del Amor\"
donde los cantos de negras sirenas
mis sentidos para bien alteraron
y terminé danzando con ellas.
Llegué donde te partes en dos:
Murindó para Antioquia
y Montaño para el Chocó.
A mi diestra, desde Vigía del Fuerte,
un mulato me saludó.
A mi izquiera, Bellavista
renanciendo entre lo que el conflicto dejó.
Allá en el Carmen del Darién
uno solo vuelves a formar
e imponente como nunca
pronto te harás con la mar.
Desembarqué en Turbo
donde te entregas al Caribe.
Desde los humedales pensé
que tu travesía aquí no termina:
las aguas del mar te llevarán con él
a conocer nuevas orillas.