Pensar nos hizo humanos,
pero también nos enseñó a sufrir,
por cosas que nunca han sucedido
y por las que no vimos venir.
Todo lo que deseamos,
lo que razonamos sin fin,
escuece en la herida
de los sueños sin cumplir.
Un día es como otro día,
algun día vas a morir.
Deja sangrar a la herida,
aprende a vivir así.
Quizá seguir sea eso:
Sangrar y seguir.
No hay freno para el pensamiento,
ni siquiera al morir.
Y aunque parezca que avanzo,
aunque consiga sonreír,
hay algo que me ata,
que me está haciendo sufrir.
Cuanto más huyo de mi mismo,
más cerca esto de mí.
Aprendí que no se vence
a quien no deja de existir.
¿Acaso quiero seguir así
siendo yo quien agranda la herida?
Sin comprender lo que hay en mí,
sin poder poner el ralentí.
Todas mis fuerzas perdidas
me las debo a mí,
por no ser capaz
de entenderme al fin.
No creo que sea vencerme
Más bien aceptarme a mí.
No soy ese pájaro grandioso
simplemente solo lo que hay en mí.
Intento ser mi ideal,
un sueño que invente de mí,
una versión que imaginaba
pero que nunca podré vivir.
Dolor que me invade
por saber que no seré así.
¿Cómo lo acepto
sin que me haga sufrir?