Sabes una cosa, mi amor?
Creo que aunque tú
ya no me escribas,
yo no dejaré de soñarte.
Si este amor
nació del sueño de encontrarte
en ese rincón del alma
donde nuestro imposible
se tornó real…
¿por qué razón mataría el sueño
que te trajo hasta mí?
No puedo impedir
—ni debo—
que dejes morir
lo que ya no te importa.
Yo, mientras tanto,
me quedaré en mi quimera…
ese espacio que elegí
para habitar la espera,
donde cada vez que te necesito
bajo a buscarte
para escuchar cómo tu voz
pronuncia mi nombre.