«No hay camino hacia la felicidad, la felicidad es el camino»
Thich Nhat Hanh (1926-2022), monje budista vietnamita
Muchos miran el mañana
como un faro prometido,
un lugar desconocido
donde el alma siempre sana.
Esa visión es muy vana,
pues no hay meta que cruzar
ni trofeo que ganar
al final de la jornada.
La existencia es la pisada,
no un triunfo que alcanzar.
No un triunfo que alcanzar,
sino un prado florecido,
un sendero compartido
que te invita a caminar.
El secreto es avanzar
respirando cada instante,
con un corazón errante
que no piensa en el final.
En lo simple y terrenal
vive el gozo deslumbrante.
Vive el gozo deslumbrante
en la brisa y en la flor,
en el beso, en el amor,
el paso del caminante.
Haz que tu alma se levante,
despertando de la espera
para hallar la verdadera
paz que busca el peregrino:
no hay un mapa ni un destino,
hacia la felicidad.
Hacia la felicidad
muchos parten con premura,
soñando con la ventura
de una nueva claridad.
Mas, en su perplejidad,
y buscando un paradero,
olvidan que lo primero
es vivir cada momento
con un pacífico aliento:
la dicha es nuestro sendero.
La dicha es nuestro sendero,
no es una meta o proyecto,
no hay objetivo perfecto
para el andar del viajero.
Libra tu paso ligero
de la futura ilusión,
manteniendo la atención
con esta clave sencilla:
que la paz es la semilla
de nuestra respiración.