Siempre sentí que rodeaba una niebla oscura y densa.
Por cada año y experiencia que vivía esa niebla se hacía más densa
Y me esforzaba por entrenar mi cuerpo, mi ser, para que esa niebla no lo venciera.
Hasta que vos, de a poco, me hacías olvidar como luchar contra ella; porque contra todos mis pronósticos, alivianabas la niebla, cada vez más y más. Mi ser se sentía más libre, más liviano.
Dejé de esforzarme en entrenar mis músculos, para que puedan vencer la niebla, pues no era necesaria tanta fuerza para caminar.
Pero fue un error no seguir entrenando.
Hoy esta niebla es más densa que nunca, casi sólida y presiona mi pecho como nunca antes. Y los músculos de mi ser están débiles, lánguidos.
Y necesito la fuerza de mis entrenamientos, pues este concreto no me deja mover.