Josavatar

El refugio que hiere

Te encontré al borde del acantilado

con la cálida y fiel brisa de verano,

desde ese breve momento a tu lado,

supe que contigo el rumbo sería secundario.

 

Me senté junto a tí, uní a tí mi porvenir,

aun sabiendo que el invierno estaba por venir,

no tenía miedo al viento en mis frías escamas

pero siempre lo tuve al reloj y su cruel danza.

 

Te filtré poco a poco en mi esencia

como quien respira un soplo de salitre,

como quien, con mucha paciencia,

ve en las heladas rocío que nutre.

 

Y aquí seguimos, al borde del abismo,

solos pero unidos, lejanos cercanos,

tú, verde espino protector del carmesí,

y yo, con tus saetas en mi pecho, pero junto a ti.