Para ellos que nos adoptan
cuando no sabíamos que
necesitabamos compañía;
para ellos que desde su llegada
nos dieron alegría, amor y
calma, su presencia sin hablar
se volvió sanadora y positiva;
para ellos que en una sola
vida, y no más de siete o nueve,
les basta una para demostrarnos
que un ronroneo simple estabilizo
nuestro energía, nuestro humor.