Pedro Olvera

Pausa

Te conozco: siempre llevas
el mismo sol puesto,
el mismo corte de sombra,
cabellos con mar aparte
y cuerpo idéntico a la desnudez
que el aire pinta con mis manos.
Estás hecha de lo que respiras:
un queso de alquitrán y vuelo,
el pan todo de música.
Eres tan alta como la estatua del jueves
en la glorieta de tu mirada
y tan esbelta que no te ausentas
cuando te marchas.
Doce giros de araña en tu cintura
atan la lluvia a tu hebilla:
caminas con los pies hundidos
en una láctea pequeñez de pasos
que te disuelven en el camino.
Tu luna te nombra en gestos,
trasmina su pez a tu brillo.
Se trenzan las madejas de tus pausas
en una loca lucidez de boca
que no me deja ver tus palabras.
En tu vientre los horizontes a menudo
se derraman: te espumas, te esfumas,
desapareces. Y solo entonces
llegas adonde debes.

Olvera, P. México, 18 de marzo de 2013