Empezó septiembre y aplastó tu verano.
Odio pensar que lo pisamos los dos.
Empezó septiembre y es más fácil ignorarnos que poder hablarnos.
Empezó septiembre con más preguntas de cómo será el mañana.
Las respuestas se proyectan solas, cuando veo lo lejos que estamos aunque estés a mi lado.
Creo que el mañana termina en septiembre.
Creo que me sigue gustando tu verano, porque no suelo soltar lo bueno.