Nunca hablo con Dios,
(No sé muy bien cuál es la diferencia, o el viceversa)
No confío en ustedes, por la era en la que estamos,
así que el Creador tiene ya su estrategia.
Dejadles sin defensa, porque no hay atacantes.
Alá vive en el viento o en el cielo,
y no reconocerlo, no tragarse milongas sobre Él,
es reinventar la fe,
nunca olvides lo que te perderías (Que lo interpreten bien los más puristas.)
han llegado conmigo al efecto contrario,
nos hemos traspasado unos a otros.
Decir que Dios no existe parte en cuatro mitades el planeta,
sigue formando parte de las leyes.
Al rey lo hace mejor, más poderoso.
Pegarse bien a Él es otro cuento chino.
No dejará jamás de molestarte.
Lo que yo me pregunto, ¿Qué tienen de distinto mi mundo y mis papeles?
¿Y si Dios es el nombre de los pobres de espíritu?
¿Y si Dios ha dejado de ser un alimento?
Dejaría de ser miles de cosas más,
a discreción
(¿En qué punto y a qué velocidad se desharía Alá de nuestras ilusiones?).
(Y si cualquiera fuera Dios,
y si esa gravísima falta de identidad,
fuese un juego de luces y de sombras.
No es necesario convencerles de nada,
si al final te sumerges en mis letras,
sales cuadriculado.)
Yo soy mención aparte.
Me he comido el dios de vuestra mente en vano.
Efecto microchip.
No podrás con mi apretujón.
Yo te he dado una nomenclatura,
te he concedido a Dios,
no hay palabras que puedan definirte.
Justo en ese pasaje te quedas asfixiado.