Santiago Parra

El año que me fui perdiendo

En medio de mi depresión y mis ataques de ansiedad, me he dado cuenta que cada día pierdo más el motivo de avanzar.

Durante el día, la angustia muchas veces me puede más y encuentro miles de motivos para llorar, pero ninguno de ellos lo alcanza a lograr.

Con el paso del mes, empiezo a respirar fatigado de intentar avanzar sin respuesta alguna que me logre motivar.

A mitad del año, las lágrimas suelen brotar, el corazón empieza a gritar, las emociones a pesar, el trasfondo de la vida a odiar sin saber solucionar.

Y cuando el año termina, lo único que queda es un tintero vacío, un niño destruido, un adulto decepcionado, un colillero lleno y el fin de lo que nunca vas a alcanzar.