JUSTO ALDÚ

SOLO CONMIGO

Solo conmigo, frente al vasto espejo,
donde mi rostro se deshace en humo,
me interrogué: ¿qué queda del que fui
cuando la vida ya no encuentra rumbo?

Solo conmigo, mientras cae la tarde
como una fruta herida sobre el mundo,
escuché al tiempo, ese animal sin ojos,
roer los huesos blancos del futuro.

Solo conmigo comprendí que el hombre
es solo sombra que recuerda el pulso,
relámpago cautivo de una piedra,
o dios cansado de inventarse dioses,

porque nacemos para perderlo todo,
porque ganamos solamente el duelo
de haber vivido un instante imposible
contra la eternidad que nos contempla.

Y yo, que tantas veces fui mi juez,
mi propio verdugo y mi refugio,
bebí del áspero cáliz del miedo
y hallé en su fondo un corazón desnudo.

¿Quién soy, sino la herida que camina?
¿Quién soy, sino el nombre que pronuncio?
¿Quién soy, si al preguntar al alba 
responde mi silencio desde el muro?

He sido mar, pero también naufragio;
he sido brújula perdida en puerto;
he sido fuego que alumbró su cárcel
y prisionero que adoró sus fierros.

He amado al tiempo como se ama al viento:
sabiendo que al tocarlo ya se ha ido;
y he perseguido sombras con mis manos
para encontrar mi propia sombra al fondo.

¡Qué extraña arquitectura la existencia!
Un laberinto levantado en uno,
con puertas que conducen a más puertas
y un dios sin rostro vigilando el muro.

A veces fui Prometeo sin montaña,
robándole a la noche algún segundo;
a veces fui la piedra de mí mismo,
rodando eternamente hacia ninguno.

Y, sin embargo, aquí permanezco:
contra la nada, vertical, oscuro,
con una voz que todavía arde
aunque la noche me pronuncie el luto.

Porque vivir no es vencer la muerte,
ni detener del tiempo el río absurdo:
vivir acaso sea mirar de frente
el precipicio y preguntarle: ¿y tú? oportuno.

Solo conmigo, cuando todo calle,
cuando no quede aplauso ni murmullo,
cuando mi nombre sea polvo entre los nombres,
cuando hasta Dios parezca estar a oscuras,

solo conmigo, sin testigos,
sin máscaras, sin patria y sin escudo,
descubriré la última verdad del hombre:

que todo lo que somos o que fuimos,
fue la manera más hermosa
de estar a solas con el mundo.

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