Llegó el viernes en una camioneta
desvencijada, fea y muy ruidosa,
tan recargada con mil y una cosa
que, sin duda, no entraba otra maceta.
Vestía un mameluco color tierra
y una musculosa agujereada,
me saludó muy amable a la pasada
(Llevaba una tijera y una sierra)
Dos horas y el jardín quedó impecable
recobró su bonito colorido,
el aromo orgulloso con su nido
y un loro chusmeando desde un cable.
De vuelta con sus manos sudorosas
le da arranque a la sucia catramina
y será otra jornada que culmina
maquillando las dalias y las rosas.
Simple y sabia labor del jardinero
que descubre detrás de la maleza
el abrigo vital de la belleza
y revive las flores del cantero.
Derechos reservados por Ruben Maldonado.