Quizás emigrar nos dé la oportunidad de crecer, de evolucionar de una manera tan diferente. Emigrar duele.
A veces me duele el alma, no sé qué tengo, no sé qué abrazo o qué extraño. Ese algo, ese no sé qué, me obliga siempre a pensar el por qué estoy aún aquí.
Cansada, en ocasiones ya sin fuerza, me preparo para seguir escribiendo pedacitos de mi vida, vivencias diarias.
Es así como se lava el alma, eso dicen. Entonces hoy ducharé mis tristezas y melancolías. Hoy quiero llorar.
Pinto faros, molinos, océanos. Pinto aquello que de alguna manera me acompaña mientras observo desde este lado.
Y al seguir instalando mis tristezas con el pincel, vuelvo a hacerme la misma pregunta...
Quizás porque en algún momento creímos que al otro lado encontraríamos algo que aquí no teníamos. Quizás buscando oportunidades, una vida diferente, un nuevo comienzo.
Pero nadie nos dijo que también tendríamos que aprender a vivir con la nostalgia, con las ausencias, con las preguntas que aparecen en silencio.
Extraño mi casa, mi tierra, mi bandera.
Y aquí estoy, pintando mis tristezas, intentando entender por qué sigo aquí.
Quizás algún día lo entienda.