eduardo gonzales

La Doncella de Bellos Ojos

Como un inocente niño, amante de la naturaleza y deleitándome
en el oxígeno puro y sincero.

Por el sendero se cruza la doncella.

Sin decirme un hola, sin expresión alguna, abre sus
bellos ojos, tal como el sol del amanecer, con aquellos rayos que parecían
irradiar sobre mí.

Y yo me preguntaba:

«¿Acaso habéis visto algo tan hermoso,

o es tan horroroso que os quedasteis como un firme roble,

acompañada por la quietud del bosque?»

Y allí quedamos, sin decir palabra, como si por un instante el tiempo se
hubiera detenido.