Yo lo intuyo: las baldosas que se desprenden cuando pasas, el idioma de tus pasos de donde brotan siemprevivas, los remolinos de aire en torno a tus caderas que devastan ciudades en mis ojos, ¡tanto cielo que se asoma por la ventana para verte por la calle! Y luego, nada. Solo un horizonte con ganas de llover.
Yo lo sé: estoy plantado en mi corazón y algo tuyo camina disuelto en mi sangre, me alimenta como el sol al musgo traspasado por su savia, pero lo que es astro no llega con el oleaje que provoca. Estoy en tu orilla, empapado de ti, de ti iluminado, y acariciando tu andar con las mismas palabras que jamás te han tocado.
Olvera, P. México, 05 de septiembre de 2026