Pandy Andy

​Templo de Acero

​Templo de Acero

​Llegó el invierno gris sin previo aviso,

desnudando mi alma de sus hojas.

Nadie me previno del abismo

cuando cayeron las espinas rojas.

​Mis manos quedan frías, temblorosas,

ante el viento que barre mi quimera.

Mas la frágil raíz entre las rosas

sabe bien que la racha es pasajera:

no me estoy muriendo, estoy cambiando.

​Lloré en silencio en noches sin estrella,

atrapada en batallas invisibles.

Cada lágrima viva deja huella,

memoria de victorias imposibles

que en secreto curé, y hoy sigo en pie.

​No pido que me pinten el cielo azul,

ni maquillar la marca de mis dolores;

mi mundo habita en tonos de quietud,

no necesito falsos resplandores.

​El negro es mi color, denso y sincero,

una piel que no a todos les sienta.

No es rendición, es mi templo de acero:

la elegancia con la que hoy florezco

tras la tormenta... a mi manera.