Todas mis palabras son tuyas
aunque estén desnudas,
aun cuando están conjuntas,
incluso las más despiadadas
te pertenecen una a una,
en la manera en que crecen.
Todos mis versos en ti convergen,
en tu nombre,
en la sal de tu sien,
al abrazarme fuerte.
Todas mis sílabas te cuentan
y hacen poco más de la cuenta,
imaginan y trazan lo admirable de tu silueta.
Y de todas las maneras,
son en balde estas voces
que no podrás escuchar.
No sé si jamás
o al menos hasta
que con hechos las puedas mirar.