Javier Julián Enríquez

Del regreso de Odiseo, donde se demuestra que el imperio es del entendimiento y no de la fuerza

Volvió del mar el griego combatido,
del luengo errar con el dolor cargado,
y al tiempo, que su honor vio dilatado,
cobró el imperio que juzgó perdido;

 

cerró el agravio el paso al gran proscrito,
cesó el engaño de la turba vana,
cuando la mente, con luz soberana,
rasgó la sombra del error maldito.

 

Ya el fuego sacro la mansión venera,
del justo lazo la memoria es guía,
Ítaca da su gran portal de gloria;

 

que limpia el solio de la culpa fiera,
no a la fuerza que en las armas se fía,

sino al ingenio que guardó su historia.