miro el pan con asco,
porque los pienso juntos,
y se me revuelve todo.
me paro de la mesa
y me hago un café
pero ustedes siguen ahí.
se me tensan los hombros
y no puedo beber más,
porque hasta el azúcar
es amarga.
es amargo, ¿no es así?
es infantil y sinsentido.
no quiero dejar de enojarme
no quiero seguir obsesionandome.
no estábamos parados
juntos
en aquel páramo aún.
pero fuiste a las montañas,
¡estuviste en las montañas!
¿cuánto tiempo estuviste en las montañas?
¡yo no quiero ir!
pero insististe
en que la amabas,
tanto pero tanto al parecer
y rasgaste tus cortavientos
botaste tu guitarra,
¿por qué?
Porque ¿era divertida?
¿Y linda también?
Era súper seca además.
Es súper seca.
¿Si o no?
Y rezo porque no me encuentres
encorvada en mi cajón de versos,
porque tendría que explicarte todo,
y si lo hago,
no te daré más besos.
y soy como un hombre ermitaño,
con un polerón rosado
y converse burdeo,
estudiando siempre en la biblioteca,
pudriéndome por dentro.
Inventando estupideces,
analogías florales,
rebeldías mentales,
publicándolas en línea,
para que se oigan mis sollozos
a través de mi poesía.
porque no sé si es válido de otra forma.
nadie me va a entender.
me dan soluciones,
pero no me escuchan,
y no sé qué hacer.
¿me amas
tanto pero tanto?
ahora creo que
el pan me da asco.