Un hombre vive de un dolor,aferrada a su dolor está la soledad.Soledad que lo acompaña,ya sea de noche o de mañana.Soledad que, en ciertas madrugadas,lo hace mirar al techo preguntándose qué le causa su tormento.
Mas ya el hombre sabe la causa de su sufrimiento:un amor...Un amor que no pudo olvidar,porque, así como una espina,se clavó lentamente en su corazón y en su mente.
Cada pensamiento le recuerda su amor,y cada recuerdo de su amor lo condena a su sufrimiento.Vive su vida gris,cada día más triste que el anterior,atrapado en recuerdos de lo que algún día llamó felicidad.
Su mirada, una vez encendida por la pasión,ahora apagada y gris, refleja un desierto de nostalgia,donde la arena son fragmentos de sus momentos felices.En su mirada vacía y melancólica yace una pregunta que perturba su mente.El hombre, en sus madrugadas de desvelo,se pregunta: ¿Qué hice mal?
En una noche, en su mente,habita un mar de pensamientos,como estrellas en el cielo, mas sin brillo que los ilumine.Tras preguntarse lo mismo todas las madrugadas,su mente contestó su respuesta.Cada que sale el sol, en voz alta dice:—Entendí que no puedo sacar la espina que dejaste en mí...porque algunos dolores no se curan,solo se aprende a vivir con ellos.