Marcela Passo

DESDE AQUÍ

A trescientas páginas de ti evoco tu nombre.

Mis labios se resecan por no beber tus aguas;

el cielo, diminuto, no huele a tala y monte,

gaviotas que suspiran, llanuras que descansan.

 

Es tan nuevo el despertar de tus mañanas

que añoro la frescura del pálido rocío,

el que mojó mis botas de niña ilusionada

por conocer el mundo, el mundo tuyo y mío.

 

Hoy lucho entre la selva sabiendo que me esperas

para que pueda verte retinto en armonía

como lo son tu esencia, tus árboles, palmeras,

como lo es tu gente, mi gente, mi familia.

 

Las naves de la vida me llevaron de a poco

hasta el lugar inmenso en donde te recuerdo

y, desde aquí, tan lejos, se humedecen mis ojos

al ver ya más cercana la meta de mis sueños.

 

Más, cuando vuelva al fin a recorrer tus calles

y sea cotidiano ver tú sol en poniente

al darte mi futuro, mi General Lavalle,

compartiré mis sueños contigo, hasta la muerte.