Ahora descansas en el jardín eterno,
purificandote.
Lejos, muy lejos del infierno,
pero aún sintiendo el fuego.
La limpieza de tu alma, temo.
Necesito llorar y no puedo:
hay tanto por sacar,
y a la vez no quiero.
Te has vuelto mi musa,
y ahora mi llanto es mi poesía
estoy tan solo, como abad en abadía.
El silencio es extraño y buen amigo.
Ya no te tengo,
no estás ya conmigo.
Llorar no es suficiente.
Gritar, a un oído ausente.
Solo espero
volverte a ver
en este doloso presente