1.º de septiembre [o poema ligero]
Es verdad que en Inglaterra llueve siempre,
hasta que, verde cual moho, en tu cara crece el hastío.
Aquí las gotas son calladas y muy ligeras;
de migajón finito, finito parecieran las muy inofensivas...
hasta que, empapado y entrecortado de frío,
tienes que golpear tus metatarsos con el asfalto helado
y resoplar casi sin aliento en tus manos hormigueadas.
Cuando andas apenas a media cuadra,
andas también desesperado por la brisa de hielo carcomido.
Y en el rincón donde de a poco muere el día, se derrite también la última trinchera del verano.