Mis respetos al trabajador, que
con mucho esfuerzo y sudor, logró
llegar a la cima para darle a su
madre una gran casa, porque
nunca antes habían tenido
un techo en dónde dormir.
¿Ha sentido dolor ese pobre
proveedor? Quizás sí lo ha sentido,
porque su rostro joven se
ha vuelto vieja, dónde
antes había un bigote abundante,
ahora hay una barba maltratada.
¿Cuántas veces el hombre
ha tenido que aguantar el
hambre para poder alimentar
a otros? Nadie sabe, porque él
no habla de lo que perdió, si no
más bien, de lo que ha obtenido hoy.
Si él lloraba por la renta del mes,
me imagino que ya no lo vuelve a
hacer, tiene todo resuelto… se acabó
las horas de pasar hambre, solo falta
saber en qué se gastará su fortuna.