Al principio, se controla con nostalgia la cerradura.
Después el ancho verde se comprueba a sí mismo
al mapear nombres pintados de miel cifrada
en sueños.
Luego la córnea de la puerta queda sin apetito
para deslustrar la fama del silencio en torno a
la nuca cadente del porqué.
El vértigo de la ventana recita al patio mayúsculo,
ajado.
Es una incógnita descifrar la ceniza del gozne pendular
mientras la noche perfumada de secretos
se pierde en la butaca de aprehensión.
Y se disparan botellas precipitadas de temores
salpicados en las cornisas.
Para eso, tras la aldaba de la lejanía,
apenas se experimenta un vendaval de niebla.
Aquí el timbre con oreja triple pregunta al objeto.
Y un poco más de terciopelo carnal de la brisa que
roza bisagras extrasensoriales.
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2026
Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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