Blanco
Desganados copos planean perezosos
sobre el inmaculado manto,
vistiendo de regio armiño los aterrados árboles.
El purificado paisaje acalla rojas voces
sobre un verde temeroso de pasadas edades.
El aire escucha en denso silencio
la oscura letanía que difumina de gris el horizonte.
Dejaré la huella atormentada de mis descalzos pasos
y mi aliento congelado, junto con mi acento.
Y acallaré las voces suplicantes
de mi segado espíritu
y mi sordo corazón.